Noguera: La violencia es un tema que trato en mis escritos

La semana pasada falleció Carlos Noguera, director del sello estatal venezolano Monte Ávila Editores y uno autor conocido en la vanguardia literaria del país. Psicólogo y autor de novelas reconocidas como Historias de la calle Lincoln (Premio Internacional Mote Ávila de Novela, 1971) y Juegos bajo la luna (Finalista del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, 1994), Noguera fue también un didacta que formó a generaciones de escritores de su país. Quien firma esta entrevista se benefició de uno de sus talleres de narrativa. Por ello le gusta recordar al escritor.

A continuación se reproduce, no la entrevista completa que está publicada en Álbum de familia: Conversaciones sobre nuestra identidad cultural (Editorial Alfa, 2013), sino algunas declaraciones suyas con respecto a la literatura venezolana contemporánea incluidas allí. Aunque el autor de  La flor escrita (2003) a veces fue criticado por su adhesión al chavismo, pocos pueden negar su aporte a es una referencia obligada de la literatura nacional venezolana desde principios de la década de los años setenta y por eso puede puede ofrecer un panorama de la cultura nacional escrito desde los temarios recurrentes de sus propuestas estéticas y desde los vericuetos internos de sus aparatos burocráticos. La sección de la entrevista que viene a continuación está dedicada al escritor; para leer sobre su faceta de gestor cultural, quien esté interesado puede leer la entrada (cinco veces más extensa que el abreboca presentado acá) incluida en Álbum de familia.

– ¿Qué mitos o autoconcepciones construyen la identidad del venezolano?

– Los conceptos de identidad, autoconcepción y perfil son complejos, diversos e incompletos. Con frecuencia los usamos con ligereza. Hay tantas formas de definición como escuelas teóricas de psicología social podamos revisar. Debemos recordar que se trata de conceptos estadísticos, cuya formulación intenta homologar la visión de un conglomerado humano, dejando de lado los innumerables matices que ese conglomerado contiene. Cuando se dice que el venezolano, por ejemplo, es un “viva la pepa”, ¿qué se está afirmando? Dice que todos los venezolanos son irresponsables. No hace falta aclarar que es una consideración injusta. También es necesario apuntar –a pesar de que debería ser evidente- que no es lo mismo cómo uno es, cómo uno se considera, cómo lo ven los demás y cómo cree uno de lo ven los demás. Estas identidades supuestas son derivadas de encuestas y otros instrumentos de apreciación psicosocial, que varían en sus resultados según sea la muestra bajo estudio, el objetivo del estudio, la manera como son redactadas las preguntas, entre otras cosas.

– ¿Qué mitos se mantienen en la psique del venezolano?

– Creer que la renta petrolera puede resolver cualquier crisis de la nación.

– ¿Qué es lo más incómodo para la cultura en general o para la literatura, el sector que usted conoce bien, de este mito?

– No creo que la literatura deba tener un baremo para calificar de incómodo o no ciertos asuntos. Los temas están allí. Le corresponde a la narrativa tomarlos como sustancia del texto o dejarlos a un lado, no por incomodidad sino por la elección que el escritor hace de sus sujetos y en la cual gravitan motivos vitales conscientes o inconscientes. El tema de la violencia, por ejemplo, podría ser considerado socialmente incómodo; sin embargo, yo lo he tomado como materia narrativa en todas mis novelas.

Los temas están allí. Le corresponde a la narrativa tomarlos como sustancia del texto o dejarlos a un lado, no por incomodidad sino por la elección que el escritor hace de sus sujetos y en la cual gravitan motivos vitales conscientes o inconscientes.”

– Cierto, pero la violencia como tema o ambiente en la narrativa es también una marca de su generación literaria. Julio Miranda escribió que la literatura de “los nuevos no ha sido pacificada” y ubica el origen de esta tendencia narrativa en Eduardo Blanco, que publicóVenezuela heróica en 1881 y Zárate al año siguiente. Asegura que “lo que han hecho los escritores actuales es reinventarla precisamente a partir del fracaso de la lucha armada de los sesenta”, con lo que parece vincular la guerrilla de la época con la violencia que está presente en la literatura nacional desde sus primeras obras. ¿Por qué los ideales de aquella lucha moldearon la literatura, no sólo de su época, sino también la que vino posteriormente?

– Como dijo Sigmund Freud, solo hay dos temas literarios: el amor y la muerte. Un recorrido por nuestra literatura, incluso desde la época de Venezuela heroica, evidencia que está llena de violencia de todo tipo. Algunas novelas son testimonios de las cárceles como Puros hombres de Rafael Arráiz, Memorias de un venezolano de la decadencia de José Rafael Pocaterra o Se llamaba SN de José Vicente Abreu. Otros se refieren propiamente a las dictaduras, como Fiebre (1939) de Miguel Otero Silva. Con las luchas clandestinas de las décadas de los años sesenta y su derrota, se presentó un tema que es, por un lado, la prolongación de la historia violenta del país y, por el otro, la continuación de la lucha guerrillera de otros países.

La experiencia fue compartida por la mayoría de los artistas y de la clase media profesional de la época. En la Universidad Central de Venezuela, donde estuve primero como estudiante y luego como profesor, no había prácticamente nadie que no estuviera en ese movimiento. De esa época datan los grupos históricos culturales como El Techo de la Ballena, la Tabla Redonda y algunos remanentes de Sardio. Además, diversas revistas convocaban el pensamiento de izquierda, comoLetra roja, o los encartados culturales que iban dentro de diarios de circulación nacional, comoLetra Meridiano en donde yo colaboraba. Luego, cada uno de nosotros tomó esa experiencia y la reinterpretó de acuerdo a sus vivencias, sus propios valores y su proyecto de vida. Yo sostengo la misma posición política de izquierda, aunque con un matiz importante en lo que se refiere al procedimiento. Es decir: sigo pensando igual pero difiero de los procedimientos, interpreto la sociedad con los criterios que tenía entonces, pero creo que fue un error la lucha armada. La izquierda de la década de los años sesenta tenía mucha fuerza heredada del movimiento político contra la dictadura que terminó el 23 de enero de 1958 con el derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez. En esta lucha, hablemos claro, los grandes protagonistas fueron la izquierda de Acción Democrática y el Partido Comunista de Venezuela. Pero muchos miembros de la izquierda cometieron el error de irse por un camino que se pensaba era más rápido y que al final resultó fuerte, doloroso y equivocado. Como una frustración esa experiencia fue profundamente significativa en nuestra historia y ella se nutrió todo el enjambre de creadores venezolano desde Jacobo Borges, en la pintura, hasta César Rengifo, en el teatro.

– Si la violencia es un rasgo distintivo de sus letras, ¿qué dice esto de la sociedad venezolana?

– No creo que sea así, escrita u oralizada, todos los pueblos tienen su epopeya. En el caso nacional no solo hablamos de nuestra génesis como república, Venezuela heroica, sino que también nuestros pueblos originarios tienen sus relatos de este estilo para explicar el origen del mundo. Estos relatos son, en algunos casos, bastante violentos. Creo que no hay libro tan sangriento como La Biblia.

Publicado en Colofón Revista Literaria por Michelle Roche

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