Schulz: “Una feria va más allá de vender libros”

El sábado comenzará la vigésimo octava edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el segundo evento editorial en el mundo, después del encuentro comercial organizado todos los años en Fráncfort. Esta será la segunda vez en que Marisol Schulz, antigua directora de la Feria del Libro de Los Ángeles (LéaLA), sea la directora general de esta cita a la cual en 2013 asistieron 750.987 personas. Sustituyó el año pasado a Nubia Macías, ahora directora de Planeta México, quien estuvo a la cabeza del equipo que desarrolla la FIL durante buena parte de su historia y ayudó a consagrar a este evento como una de las herramientas más importantes del mundo hispanohablante para la promoción de su literatura.

Por desgracia, a pesar de la popularidad de la FIL y otros eventos similares organizados en América Latina, las estadísticas de lectura en los países de la región oscilan entre 5 y 2 libros al año por habitante. México, como Venezuela, está entre los países donde los índices de lectura son más bajos, a pesar de que se producen casi 28.000 títulos al año –en Venezuela son unos 4.000–. Tales cifras hacen que este año la expectativas sobre la FIL sean grandes, pues Argentina, uno de los países de la región con más altos índices de lectura, será el invitado de honor. Su delegación estará conformada por escritores, académicos y creadores que llevarán a Jalisco su mejor propuesta en música, artes visuales, cine y teatro. “Ya Argentina nos acompañó en el año 1997, pero ahora hay un cambio generacional importante. Primero, esta feria no es igual a como era hace 15 años. Y, segundo, porque hay nuevos escritores argentinos que podrán venir a la FIL para internacionalizarse”, apunta Schulz sobre las posibilidades que ofrece este país en la feria que se inaugura este sábado 28 de noviembre en Guadalajara y se extiende hasta el próximo domingo 6 de diciembre.

Con 30 años de carrera, Schulz es licenciada en Historia por La Universidad Nacional Autónoma de México y entre otros cargos destaca su gestión en el Grupo Santillana y sus dos años de gestión en LéaLA.

– ¿Cuáles son los desafíos de la FIL?

– Cumplí mi desafío personal en 2013, porque mi intención era que no se notara el cambio de dirección. Esta es una feria consolidada, bien realizada y con decisiones atinadas que se han tomado durante 27 años. Quería que continuara con su misma calidad, para que estuvieran satisfechos los profesionales del libro que se congregan acá, pero, sobre todo, el público. Como fue muy aceptado en 2013 que por primera vez tuviéramos un stand en braile, en 2014,. Continuará y trabajaré con el equipo, no solo para incrementar la presencia de libros en este formato, sino para ver cómo podemos darle la bienvenida a la FIL a gente con capacidades diferentes. Estamos trabajando también para darle más espacio a la novela gráfica.

– En 2013 hicieron énfasis especial en los contenidos digitales.

– Sí. Las nuevas tecnologías en edición se tuvieron que incorporar poco a poco. Ahora no hay casi ninguno de nuestros visitantes que no tenga móvil, tablet o la pantalla de computadora para leer electrónicamente. Nuestro papel es difundir todo tipo de libro y en la FIL hay un peso gigantesco del libro impreso, pero debemos también entender las nuevas tecnologías, porque estas son un otra forma de lectura. Cualquier empresa de gestión cultural debe abrir las puertas a estos cambios, porque es lo que el público demanda. Las propias editoriales ya están diversificando sus catálogos.

– A pesar de lo extendido del uso del idioma castellano, los índices de lectura en América Latina son bajos. ¿Cómo contribuyen las ferias a subirlos?

– De los países Latinoamericanos, México está en un lugar alarmante, pero no es responsabilidad única de la FIL que la promoción de la lectura esté tan bajo. Son 27 años de una feria que ha tenido muchos visitantes. Unos 150.000 jóvenes al año vienen. Con un porcentaje mínimo de ellos que se enamore de un cuento, ya se genera una afición de por vida a la lectura. En los índices nacionales eso no se nota, pero hay una contribución porque los chicos de Jalisco crecieron con la FIL y han venido cada año. Ya hay generaciones de lectores que se han formado como lectores por FIL.

– Viene de dirigir LéaLA, la feria del libro en español de Los Ángeles, California. Es un reto distinto a la FIL Guadalajara.

– Los Ángeles es la segunda ciudad con más hispanohablantes del mundo, después de Ciudad de México, con 12.000.000 de personas. Los Ángeles es, de hecho, la ciudad con más jaliscienses fuera de Guadalajara: 2.000.000 de personas. Si me preguntaras si hay lectores en español en Estados Unidos, yo respondería que el problema no es ese, sino que no hay libros en este idioma. Gran parte de los emigrantes salieron de sus casas sin completar la educación formal en su idioma natal y se ven obligados a entrar en una sociedad donde no entienden el inglés. En cualquier idioma, su índice de comprensión lectora es ínfimo. Debíamos empezar por generar lectores y la mejor manera hacerlo era a partir del idioma materno, el castellano. Luego podrán leer en inglés. Este es el primer matiz: los lectores en castellano como lengua madre en Estados Unidos. El segundo son los hijos de las personas que se fueron, que se educaron en inglés y rechazaban el español. Sin embargo, este fenómeno ha ido cambiando, pues se hace énfasis en la educación bilingüe. De nuevo: si no hay libros en castellano no estamos haciendo nada. LéaLA ofrecía libros en su idioma materno para la gente de la costa oeste de Estados Unidos, pero también sirvió como un evento reivindicativo de su identidad, sus valores y de su idiosincracia: mostró lo que era la identidad latina y generó sentido de pertenencia y orgullo, porque mostró que México no solo se trata de cantantes de rancheras. Adicionalmente, otro mercado que atendió LéaLA eran los estadounidenses que querían que sus hijos aprendieran a hablar español.

–En Venezuela y otros países de la región el movimiento de ferias es intenso. ¿Qué recomendaría a sus gestores culturales?

Las ferias generan lectores, así que deben entender que una feria va más allá de vender libros. Ningún evento así podrá salir adelante si no se asume como un festival de la literatura, un gran festival cultural que ofrece la oportunidad de acercar a los escritores con su público. En la medida en que solamente se piense en la parte comercial, que sí es importante, se pierde una gran oportunidad y no ayuda a subir los índices de lectura.

 Publicado en Colofón Revista Literaria por Michelle Roche

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